martes, 16 de diciembre de 2008

Mi pequeña primavera

A veces la primavera llega sin avisar, en pleno invierno. De un día para otro notas el calor, y un rayito de luz te ilumina y te calienta, a veces, también, en plena noche. Ayer salí de trabajar. un domingo, a las 8, el fin de semana había vencido una vez más, al día siguiente era mi día libre, pero para el resto de la gente comenzaba una nueva semana. Una pequeña posibilidad de desfogarme, de agarrar las últimas horas de lo que para el resto está estipulado como días de descanso. Unas pocas horas para coincidir en el tiempo de ocio, ellos y yo, y decido ir al concierto. Pero las entradas están agotadas, me dicen. Ante la única posibilidad de ver morir el domingo sola en casa decido probar suerte. Todo está, aparentemente, en mi contra. Hace frío, no estoy segura de cómo llegar, no tengo mucho tiempo y probablemente en la puerta del local me confirmen lo que ya temo: que no hay entradas para mí. Es igual. Lo voy a intentar. Delante de mí otras dos personas esperan que se devuelvan entradas para poder asistir ellos también. Demasiado difícil. Pero sucede. Tres cancelaciones, tres entradas, y paso dentro. Y tuve mi noche, mi noche de música, mi noche de amigos, mi noche de desfogue, mi noche cálida.

Mañana voy al teatro con Laura. Quizá se animen Sara, Mónica y Milagros. El viernes tengo una cena con los compañeros del trabajo, con quienes por cierto cada día me llevo mejor y me río más. El trabajo de la clase de los miércoles avanza bastante bien, y creo que el grupo que hemos formado funciona.

Hoy es lunes. Y no he llorado.

2 comentarios:

Federico dijo...

Amiga pil, por favor, no llores nunca, y si lo haces, que sea de felicidad...
un abrazo

liuia drusilla dijo...

Ven acá pacá que te dé un abrazo de osaaaaaaaaa, no llores tú más por diooooos :). ¡Cosa guapa!